Honduralgia
Los días se oxidan
y el acero de las cadenas amenaza
ser paisaje en mi mundus invertido
de aguas impresas sin horizonte,
de letras gélidas que embanderan egoísmos.
No quiero oler, Tegucigalpa,
el reptar de la pandemia entre tus calles,
el pandemónium triunfal de los raptores;
me rehuso a ver la diferencia
entre Eros y Tánatos
cruzando, resignada,
la hondura del Aqueronte.
Me niego a respirarte,
dictadura
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